El alma empapelada

El alma del periodismo pesa lo que el gramaje del periódico en papel más la tinta. Unos 45 gramos, tan solo poco más del doble de los 21 gramos que aseguró Duncan MacDougall que pesaba el alma humana. Sin embargo, y a pesar de las revoluciones tecnológicas, sigue sosteniendo esta profesión.

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Volver

Hoy toca volver a la vida. Sin ese cielo azul celeste tamizado del mismo sol pero que allí brilla diferente. Sin el compás de los cascos de los coches de caballos que se arrancan por bulerías. Porque los caballos en Sevilla tienen más arte que todos los guiris juntos. Sin la Giralda como atalaya de nuestros pasos. Sin Sevilla.

El periodismo era un arte

Hace ya tanto que las redacciones no humean y las palabras no suenan golpeadas letra a letra. Hubo un tiempo en que el periodista quería ser tan artista como un pintor, tan bohemio como el poeta, tan irreverente como una cupletista de cabaret, tan preciso como un amanuense y tan elegante como los galanes del teatro.

Tregua en Navidad

La vida es mejor que los cuentos, aquí la magia solo surge en destellos. Como la felicidad, aparece en chispazos durante lo cotidiano. Así el resplandor es mucho más cautivador. Cerca de Ypres, en Bélgica, hay una austera cruz de madera clavada en la linde de un campo de cultivo.

La ciudad de mis libros

Imagino de qué hablarán los libros cuando no estamos. Si se contarán batallas y las historias de amor más bellas. Es posible que en el tercer estante estalle una guerra de versos y junto a la lámpara monten un interesante coloquio los manuales. Hablarán en capítulos y se darán paso a pie de página.

Cuatro lunas sonoras

El Sonorama es el ritual de nuestra tribu, el oráculo de marcará las melodías de las que viviremos el resto del año.

Me eligió el demonio

“Porque los hombres andan con la cabeza para abajo y los ciegos sirven de guía a los demás. (…) Así va el mundo”, escribía Baltasar Gracián en boca del monstruo Quirón en su obra “El Criticón” donde hacía referencia a las pinturas de El Bosco.