¡Es la credibilidad, estúpido!

«¡Es la economía, estúpido!», fue la recordada frase de James Carville, el asesor demócrata que llevó a Bill Clinton en 1992 hasta la Casa Blanca mientras George Bush (padre) volcaba su campaña tan solo en los logros de política exterior.

España no se aburre

España no se aburre, como decían que se aburría Francia justo antes de las revueltas de aquel mayo de 1968. Estamos de sobra entretenidos con el esperpento independentista y los navajazos de partido ahora que la filtración es el nuevo arma para el magnicidio (político).

Cosas de familia

El espíritu comunero es una manera de sentirse español como otra cualquiera y el Día de la Comunidad una herencia discutida en esta familia forzosa que es Castilla y León.

A fin de cuentas

Desde que el Partido Popular ha cambiado su gaviota (o su charrán, según quien mire) por una encina no deja de mostrarse más enraizado a tierra. Abandona las evocadoras piruetas sobre el ocaso en cualquier Atlántico o Mediterráneo para sujetarse fuerte a la dehesa, al páramo y a la meseta en la sabiduría vieja y la savia densa.

Bodas de coral y amapola

Lo bueno de las efemérides es que se repiten una vez al año y cada lustro alcanzan de forma inevitable uno de esos números redondos (que es cualquier múltiplo de cinco) en los que toca conmemoración. Las efemérides se han convertido en un santoral pagano, una versión posmoderna del Calendario Zaragozano que en vez de predecir el tiempo avanza titulares y grandes fastos irrepetibles (al menos durante los cuatro años siguientes).

Madrid hace eco

En Madrid las palabras suenan distinto, las mismas palabras se engolan y ahuecan como pidiendo trascendencia. Hasta Madrid se fue el alcalde Antonio Silván para vender León en el Fórum Nueva Economía.

El desacuerdo de consenso

Los políticos hablan del consenso como quien promete asomarse al horizonte. Siempre parece más cerca pero continúa igual de lejos. Embelesan intentando atrapar atardeceres de todos los colores pero saben de sobra que el sendero no termina jamás, incluso si lográramos andar y andar acabaríamos rodeando eternamente el planeta Tierra.

Heredarás la tierra

ara los peces de ciudad, como cantaba Sabina, el campo es todo aquello que queda a los lados de las autovías, todo lo que alcanza la vista desde las ventanillas de los trenes. Tierras estos días nevadas y escarchadas que uno atraviesa veloz mientras caza atardeceres o ve acercarse la tormenta.