España desnuda

El verano es Saturno hambriento. Lo mismo devora todo el tiempo que te cabe en los bolsillos que agosta los campos de la cosecha mínima en un año sediento y agrietado en la España amarilla.  Cada verano volvemos a ser mortales, mortales y morenos, mortales y felices, mortales y efímeros al arrullo de las olas. Las playas son aquel Lacio donde se refugió el Saturno fidicida que acabó dándonos las leyes a los humanos… eso sí, una vez pasado agosto y saciado de asesinatos.  En cualquier playa- refugio solo cabe la vida y, una vez al año, todo lo demás se deja fuera de la toalla y acaba enterrado en la arena que levantan los niños que pasan corriendo a carcajadas.

En verano el mundo gira sin la mayor parte de nosotros, pero gira. El latido de las olas es ensordecedor, el momento perfecto para consumar cualquier fechoría. Distraídos y felices, el estío es “fútbol y toros”, sin casi fútbol y con los toros resbalando por las calles de los pueblos.  Por eso, si el papel lo aguanta todo imagínese el verano.

Agosto permite decir aquellas frases que jamás diríamos en septiembre o quizá las que avisan que algún día volverá a ser otoño. Así,  al alimón, el portavoz de la Ejecutiva y el Secretario de Organización del PSOE se han atrevido un 10 de agosto a sentenciar que un gobierno PSOE – Podemos es una “hipótesis de futuro” (afirma José Luis Ábalos),  “no es descartable en el futuro” (asegura Óscar Puente). Aprovechan que en verano nadie se toma en serio el futuro y en bañador solo se escuchan de lejos los telediarios que hoy cuentan el primer gobierno autonómico conjunto entre rojos y morados.  Un 26 de julio, y encomendándose a la resaca de Santiago Apostol, eligió el presidente del Gobierno declarar en los juzgados que “jamás se ocupó de los asuntos económicos” del partido. Quien no gobierna su casa ahora gestiona un país.  Mientras bailamos en Cataluña se inventan nuevas formas de ilegalidad para estrenar el 1 de octubre. Mientras comemos gambas y pescadito frito los radicales se esconden tras cada esquina para asustar a los turistas que pagan la recuperación económica.

En verano nos engullimos o nos engullen sin tiempo a rechistar a Saturno. Puede que se esté desnudando España. Despreocupada y entregada al hedodismo, abandonando al descuido la ropa en cualquier orilla.

 

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