La edad del verano

Solo la fruta madura en verano.  Es muy difícil hacerse mayor estos meses de hedonismo obligado y necesario, incluso para los que hemos tenido el privilegio de nacer en esta dulce y sofocante época del año.  Madurar en verano es como un recreo con deberes. Aún así y sin remedio conocido, uno va y se hace mayor cada agosto.

Se hace mayor sin querer madurar, harto de los que nos imponen la madurez como la pérdida de la libertad en vez de la victoria de ser libre tras décadas de aprendizaje. No comparto esa visión de cilicio ateo contra los placeres veraniegos, un edén lleno de manzanas e infestado de serpientes.  Me gusta más pensar que aprender a vivir es descubrir como disfrutar sin corsés, incluso cuando regrese el invierno.

Más bien hacerse mayor debe ser comenzar a clasificar los veranos por recuerdos y por olores que hacen saltar los resortes de la memoria, el escalofrío cálido de la nostalgia. Llenar el sofá de fotos una tarde de domingo y volver a impulsar “recuentros” de los que fuimos inseparables, planes que morirán antes de que caiga la primera hoja. Mis veranos de infancia olían a tienda de campaña, agua helada de río y prado de media montaña. Más tarde se impuso el olor a cloro, a hoguera y barbacoa, a salitre y a toallas de Portugal.  Ahora, cuando hace ya al menos 15 años de casi todo, uno se esfuerza inconscientemente por retornar a esos aromas como un fetichista de los lugares donde creíamos ser felices.  Donde sentimos enamorarnos  por primera vez y nos prometimos aquella amistad eterna que nunca superó el frío.

Porque cada verano es un paréntesis, una ilusión que sobrevivirá y una decena de promesas que no valen nada, un beso y una canción. A punto de cumplir un año más, agosto me recibe siempre más joven, la arena y las olas erosionan el polvo de viejo que se va acumulando durante el invierno.  En verano uno puede perderse para encontrarse en unos ojos que llevan el mar dentro. Equivocarse y acertar al mismo tiempo, ser el cobarde más valiente de Mojácar e incluso robarle amaneceres al Mediterráneo.

Nadie sabe cuántos años tendrá cuando llegue septiembre.

 

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s