De algo hay que vivir

Columna para El Reverso

“De algo hay que morir”, le dijo al camarero encendiéndose un cigarro a la puerta, donde siempre. La frase de aquel hombre resonó en mi cabeza mientras leía en el móvil que el CSN acababa de avalar la reapertura de la Central Nuclear de Garoña. Una decisión importante, contra la actual mayoría parlamentaria del Congreso de los Diputados, y que abre la puerta en España al alargamiento de la vida de las nucleares más allá de los 40 años. La burgalesa es la más vieja de las centrales españolas y gemela de la accidentada Fukushima. El Gobierno tendrá la última palabra.

En el Valle de Tobalina, sin Garoña, el futuro les queda demasiado lejos. Gran parte de su millar de habitantes vive directa o indirectamente de la central nuclear. La mayoría no tiene miedo, o al menos el mismo que el hombre que salió a fumar. Desde su parada en 2012 esperan la orden de cierre definitivo para trabajar en su desmantelamiento durante años o la reapertura que suponga mantener sus puestos de trabajo. Una parte nada desdeñable del presupuesto del Ayuntamiento también llega a través de los impuestos que paga Nuclenor. Allí no quieren entender de seguridad nuclear, ni de informes ecologistas, ni de porcentajes de desastre. Prefieren amarrar el presente en una comarca donde la silueta de la central es alargada. La estrecha chimenea y el gran cubo de cemento son casi la única oportunidad. Comamos hoy, y mañana… Dios dirá.

El riesgo se paga bien. En otra localidad española, en Villar de Cañas, siguen esperando ansiosos convivir con el ATC, el almacén de residuos nucleares, por el que compitieron duramente hace ya seis años. Un erial en Cuenca que apuesta por convertirse en el cementerio nuclear español como tratamiento para evitar morir de despoblación. Son pueblos que fuman, que buscan apurar hasta la colilla ignorando la crudeza del mensaje y la foto de la cajetilla.

Me giré con el ruido de la puerta. El hombre del tabaco volvió a entrar en la cafetería. Tranquilo, incluso satisfecho, cogió el periódico. Empezó a pasar las páginas rápido, leyendo solo parte de los titulares. Se paró precisamente en la noticia que avanzaba la espera de Garoña. “¡Qué imprudencia, van a terminar matándonos a todos!”, dijo en voz alta. Tardé un par de segundos en responder: “De algo hay que vivir”.

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