Trasterrados

Columna para El Reverso.
No hay nada más trágico que construir un futuro ajeno, invertir en las nuevas generaciones con la resignación de que verán amanecer siempre en otros horizontes. Los últimos resultados del Informe PISA, aún humeantes, alegraron el café con tostadas festivo de los políticos del gobierno de Castilla y León. Una comunidad líder y referencia en educación para el resto de España, donde los escolares aprenden mejor. Presumía su Consejero de Educación, Fernando Rey, “si Castilla y León fuera un país ocuparía el séptimo puesto del mundo”.

Saben más matemáticas que la media para poder echar cuentas y comprobar que no hay resultados para encontrar empleos cualificados no precarios. Conocen más ciencia que la mayoría para deducir que si desean ser grandes investigadores y encontrar financiación para sus proyectos innovadores muy probablemente será en otros laboratorios.  Comprenden mejor la lectura que les abrirá las puertas y les cerrará las maletas. Los libros que leerán en los viajes de ida y vuelta a sus nuevos hogares, a cualquier destino donde se atisbe un proyecto de vida.

Castilla y León es la escuela de España. Lleva décadas formando a las generaciones de profesionales que destacarán en Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia, Londres o Nueva York. Me duele Castilla y León, como a Unamuno, viendo el talento emigrar por los cuatro costados de esta tierra áspera y seca de oportunidades. Se trasplantan como geranios de maceta con las flores sedientas de futuro.

Tengo tantos amigos trasterrados que hace tiempo que me resulta más complicado tomar un vino por el centro de Valladolid que planificar unas vacaciones. Hoy lo escribo mirando la ría vizcaína que también acuna a los nuestros. Trasterrados, expulsados de sus pueblos terminales y sus ciudades con anemia. Obligados a volver por Navidad.

La solución puede estar en que rueden las aldeas por los páramos. Como en Suecia, donde están trasladando casa a casa la localidad de Kiruna por el miedo a que acabe engullida por los gigantescos agujeros que crea la actividad minera en la zona. Aquí también tememos desaparecer, pero arrasados por el olvido. Cuántos pueblos estarían dispuestos a cargar las casas en camiones, como los suecos, y moverse hacia tan solo una esperanza de prosperidad. Aunque suponga darse por vencido y reconocer que el lugar donde crecimos felices es un paisaje yermo.

Castilla y León enseña a marcharse.

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