Truco o trato

Columna para El Reverso

Aún sale humo de Ferraz. Un humo socialista, cargado de egos y con cierto olor a crematorio. Terminó la batalla, al menos esta penúltima, en la que el viejo partido  se rompió en dos mitades enfrentadas.  Los barones prendieron la pira del auto de fe contra Pedro Sánchez, el líder que osó desafiar su poder y se empecinó en seguir por un sendero que se había terminado kilómetros atrás. Quemaron las naves, hundiéndose como última esperanza para seguir a flote. 

Algunos dicen que esa expresión, quemar las naves, viene de una estrategia de Hernán Cortés en la conquista del actual México. No las hizo cenizas literalmente, las hundió para que sus hombres no tuvieran la tentación de rendirse ante el enfrentamiento contra los indígenas. En el navío de Ferraz, el general sublevado Javier Fernández (interino y con la mano de Susana Díaz en su hombro), utilizará esta misma maniobra para que el PSOE al menos sobreviva a este envite. En menos de 20 días debe decidir entre lo malo y peor, entre susto o muerte, entre truco o trato. O la abstención responsable que tendrá unos efectos impredecibles en el mermado electorado socialista o unas terceras elecciones en las que parecen abocados a pisar un nuevo suelo histórico y a dejar de ser la primera fuerza de la oposición y el partido de referencia de la izquierda española. Mientras, el incendio recorre la bodega socialista. Humeante y latente, una amenaza constante capaz de reavivarse con la siguiente ráfaga de viento. 

Otros investigadores aseguran que quien primero quemó las naves fue Alejandro Magno. Aquella vez sí de forma literal, en la guerra contra con los fenicios. Prendió fuego a sus barcos para motivar a la fuerza a unas tropas que ya se veían derrotadas tras comprobar que el enemigo les triplicaba en número.  Javier Fernández también puede inspirarse en el gran rey de Macedonia. En el próximo Comité Federal, en el que como presidente de la gestora buscará el respaldo para dejar gobernar a Mariano Rajoy, podrá levantarse serio y con tono vehemente repetir aquel discurso: “Debemos salir victoriosos de esta batalla, ya que solo hay un camino de vuelta y es por mar. Cuando regresemos a casa lo haremos de la única manera posible, en los barcos de nuestros enemigos”. 

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