Hoy amaneció de noche. La luna escondió las estrellas y refresca con luz de nieve los sedientos campos de Castilla. Ilumina turbia, hace umbría en las sombras. Se enseña llena y presumida se deja contar los hoyuelos. Siete girasoles se levantaron engañados de madrugada entre una ovación de chicharras. Sonata desafinada de estío para susurros y gallo en luna mayor.

Son horas de sueño pero no es noche para dormir. Es un regalo para promesas y traiciones de amantes sin intimidad. No hay nada oculto, solo siluetas danzando en el páramo, teatro chinesco en el silencio partido, aullidos sordos y conjuros con muérdago.

Hoy amaneció de noche. Con un sol albino y tímido que redibuja los árboles y perfila a carboncillo los tejados de las casas. Anhela ser eterna como una madrugada enamorada y efímera como el mejor lirio del verano. Insinúa como bailarina y seduce como el demonio. Riega con cisnes blancos la tierra resquebrajada por el calor.

Es un tamiz que emborracha los sentidos. Soflama el odio al sol de fuego para entregarse a un baño de luna sirena. Mis 21 gramos por poder pisar los relojes y recostarme por siempre sobre la hierba cana y fresca que acaricia la piel al arrullo de la brisa. Tanto embruja que ya la añoro, ya la echo de menos antes de soltarme de sus manos tersas de amable negrura tenebrosa.

Hoy anocheció de día. Nunca fue tan despreciada la mañana.

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