Ser o dejar de ser

Frente su reflejo multiplicado por una galería espejos. Sin percatarse que  Polonio y el rey Claudio se esconden tras los cristales y la dulce Ofelia escucha al  otro lado de la esquina del salón. Así comienza el Hamlet de Kenneth Branagh a declamar su “Ser o no ser”, su reflexión eterna y perenne. La pregunta que duele y que define, que asusta y que reconforta, que mata y que salva. La cuestión que todo ser humano ha intentado, intenta e intentará resolver sin importar su condición.

La interpelación onmipresente. “Ser o no ser” en la vida familar; “Ser o no ser” en el trayectoria profesional; “Ser o no ser”, siempre. Hoy imagino a Pedro Sánchez en ese salón de espejos enmarcados de volúmenes dorados. El príncipe socialista en una España que huele a podrido y en la que no hay fantasmas que nos avisen de los traidores. El “Ser o no ser” político de Sánchez. Por qué aguantar los golpes, por qué cargar con pesados fardos, a no ser por el por el miedo a un destino incierto si no puede cambiar las fotos del despacho de Ferraz al de La Moncloa.

El pacto del centrismo con Ciudadanos es ese que no se lee igual en los labios de Rivera que en los de Sánchez, ese con una redacción distinta cuando lo difunden los naranjas que cuando lo explican los rojos de rosa en el puño. Muchos lo consideran una renuncia a las esencias del socialismo, incluido Podemos, que de nombrarle el Gobierno ha pasado al segundo partido de la oposición al hipotético ejecutivo PSOE- Ciudadanos… por el momento.

¿Qué es más importante una pregunta o su respuesta? Depende si lo imprescindible era formular la cuestión o si lo relevante era escuchar la réplica. El PSOE quería preguntar y preguntó. A su manera, con un enunciado ambiguo y abierto, que bien podría ser el huevo o la gallina. Pero hubo pregunta sin posibilidad de una respuesta en la que se pudiera escuchar a la militancia. Cumplida la burocracia autoimpuesta ahora le toca a Pedro torear de nuevo a los barones y a Susana, mientras su equipo negociador agota el Plan A de la caza de las abstenciones imposibles. Esperemos que haya Plan B en la recámara, como para Europa dice ahora que tenía y  pregona Varoufakis.

“Ser o no ser”, ¿ser para dejar de ser? Se interrogan también Albert Rivera, Mariano Rajoy y Pablo Iglesias ante sus espejos. En un país desacostumbrado a los pactos políticos, todos se ven desteñir con cada acuerdo. Los morados se imaginan goteando lucha de clases con cada medida, los populares perdiendo liberalismo en cada rúbrica al margen.

En el año de Shakespeare, y también de Cervantes aunque casi no lo parezca, España vive bajo la niebla de la Dinamarca que contó el británico. En el parlamento se representa el teatro donde los personajes acusan entre líneas y hablan más con los silencios que con las palabras. España espera ver naufragar el plan A y ansía su plan B o C… acuerdo o  nuevas elecciones. Aguarda impaciente el nuevo destino del “postbipartidismo” hegemónico. “¿Y quién ha deteneros?” preguntó el Rey a Laertes cuando supo que Hamlet había matado a su padre. Respondió: “Nadie en el mundo sino mi voluntad”.

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