Les roban España

Nos quieren hurtar el parque Güell y dejarles sin el acueducto de Segovia. Desean que no podamos sentirnos orgullosos paisanos de Ferrán Adriá y que ellos no presuman de Antonio Machado. Buscan arrancarnos la Costa Brava y olvidarse de los Picos de Europa. Las de Barcelona también fueron mis olimpiadas como su Expo la de Sevilla. Los independentistas de Cataluña avanzan para partirnos, para robarnos al resto de españoles Cataluña y para sustraerles a los catalanes España. Ellos, los secesionistas, no son Cataluña. Son solo una parte que se empeña en erigirse como el anhelo de todos, a pesar de no haber conseguido ni la mitad de los votos en las últimas elecciones. Apelan a las entrañas para esconder toda su colada sin lavar y la gestión ineficiente. Telepredicadores con su invento mágico: una república que enmendará los malos presupuestos, las políticas de recortes o la corrupción. Prometen que todo cambiará si ellos siguen en el sillón, pero delante de otra de otra bandera.

Quiero a Cataluña como quiero a Galicia o Andalucía. Desde la Plaza Mayor de Salamanca adoro las calas de Gerona y paladeando el español “fino” de Valladolid valoro lo enriquecedor de una lengua como el catalán. No imagino volver a la Europa de las fronteras, de los pasaportes y las monedas. Soy incapaz de dibujar un mapa con un mordisco en el levante. Deseo una España en Cataluña, fuerte y atractiva.  Seguir discutiendo juntos como en las cenas de familia.

Siento que Cataluña es parte de mí,  por eso considero urgente alzar la voz ante la magnitud del desafío. No es algo que les esté ocurriendo a otros. Las Cortes de Castilla y León están impulsando un documento en defensa de la unidad de España al que están invitando a unirse a todas las fuerzas políticas y sociales de la comunidad. Una iniciativa valiente y necesaria, porque defender la convivencia es defendernos a nosotros mismos. Un ejemplo que deberían seguir el resto de parlamentos autonómicos, diputaciones y ayuntamientos. El silencio es cómplice y puede hacer sentirse abandonados a los cientos de miles de catalanes que no desean la ruptura. Demostremos que no se juegan su futuro, también están apostando el nuestro.

La ideología quedó a un lado, la han desterrado al saltarse la legalidad. Acatar las leyes es la garantía de la democracia, y aquí no hay colores. Poco importan las siglas o los candidatos si no se respetan los mínimos acuerdos de convivencia.  Ignorar la Constitución o desobedecer a los tribunales es atentar contra el estado de derecho. Es un golpe de estado de tribunas y pancartas. Todo es susceptible de cambiarse, pero respetando las reglas del juego. No se puede lanzar un órdago después de romper la baraja.

No nos roben a Serrat y no les dejen sin Sabina.

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