El otoño de Mas

Cuatro días después de que comience el otoño, quieren convertir su primer domingo en una fecha que entre en la Historia.  Las elecciones catalanas de 2015 disfrazadas de plebiscitarias se han planteado como un órdago a España.  El hijo político de corruptos Artur Mas espera agazapado en la lista independentista, si ganan las elecciones (ya sea por escaños o por votos, ha repetido) iniciará el proceso que termine declarando la independencia de Cataluña.

Quiero que en este otoño Artur Mas sea una hoja caduca y los primeros fríos congelen la osadía de condenarnos a la incertidumbre, tanto a los catalanes como a los españoles. El que aspira a renovar la presidencia de la Generalitat después de quebrar la sociedad catalana vuelve a  pretender saltarse la Ley, romper unilateralmente el Estado español y quedar de forma automática fuera de la Unión Europea. En un limbo que podría solucionarse pronto… o no. A priori, no tendría ningún respaldo internacional que le reconociera como un nuevo y legítimo Estado. Ilegal, aislado y sin ni siquiera moneda.

Los independentistas saben que solo pueden tirar de entrañas. Apelar a los sentimientos, avivar los agravios. Adormecer la razón que desmonta su camino de baldosas amarillas hacia un utópico futuro mágico en solitario. Cualquier análisis económico demuestra que la independencia será un desastre para Cataluña, y un zarpazo grave para España. No hay argumentos que anuncien ninguna prosperidad, no hay necesidad de generar un escenario que puede resultar terrorífico para las inversiones y las empresas.

Deseo que España siga siendo Cataluña, y Cataluña siga siendo España. Dialogando su singularidad, negociando su encaje, manteniendo el constante tira y afloja en las instituciones estatales. Me gustaría que la vanguardista Barcelona siga estando en mi país, que Dalí continúe siendo mi compatriota o poder descansar en las playas de Salou sin tener que renovar el pasaporte.

La vuelta de las vacaciones suele ser época de propósitos fallidos. Confío en que el resultado del 27S sea un portazo a la irresponsabilidad de abanderar el hacerse diminuto en el mundo de los grandes. Ojalá todo este proceso solo haya sido tiempo perdido en una autonomía gobernada por un partido crecido en corrupción y ausente durante años de los problemas reales de los ciudadanos como el desempleo, la desigualdad social o la calidad de los servicios públicos. Ojalá podamos olvidar estos meses, ver caer las hojas marrones y florecer en invierno.

Ojalá sea un otoño de más.

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