Éramos jardín

Sonaba Silvio y cada poco cruzaba la lechuza. Éramos jardín como los árboles, las piedras viejas y una flor de lirio despistada. Avanzada la noche sobran las palabras que se consumieron en las velas y en los hielos de dos copas que seguían oliendo a lima. La amistad se gradúa en los silencios, se anuda en las miradas.

Se nos oía soñar. A pesar de camuflarnos cuerpo a tierra justo después de haber apagado los faroles para encender ese trozo de cielo prestado que empiezo a acostumbrarme a mirar. Arpegiaba Andrés Suárez “Te va a pasar” desde un teléfono perdido en lo sombrío. El mío me hizo el favor de agotarse casi en el quicio de la Casa Grande.

Dos almas intentando desafiar a la noche y la noche nuestra terapia. Es la compañía y no la distancia quien define la huida, los destierros buscados. La brisa mecía ligeramente el pino más alto y las confidencias. La lechuza se reivindicó extendiendo las alas. Caímos rendidos de madrugada, tras el desahogo de una de esas conversaciones largas y circulares que no curan pero alivian.

Nos quedamos dormidos a doce compases, con el blues que nos había invitado a juntarnos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s