El cambio adjetivo

Camisa blanca o azul huérfana de corbata, vaqueros y americana opcional. Es el “dress code” de la actual etapa política que elimina casi por completo las etiquetas de la imagen. Los partidos buscan verse frescos y cercanos ante los ciudadanos. Todos se han sumado a la transformación del “look” que desterró la formalidad y que adoptó las grandes sonrisas también para hablar de lo serio y lo importante. La mayoría de los portavoces serían intercambiables en las formas, aunque no en el contenido.

Sin que una imagen valga ni cien palabras, hay que acudir a la suma de letras para entender cada opción política. Este 1 de julio la Asociación de Periodistas Parlamentarios brindó en Madrid una oportunidad única para el análisis comparado del mensaje de los portavoces de las principales fuerzas políticas españolas, las que han protagonizado nuestra democracia y las llamadas a ser parte esencial del futuro más inminente. Escuchar de primera mano y de corrido a Pablo Casado (PP), Patxi López (PSOE), Alberto Garzón (IU), Carlos Martínez Gorriagán (UPyD), Albert Rivera (Ciudadanos) e Íñigo Errejón (Podemos) en un marco en el que pesa la historia y neutral de siglas como es el Ateneo de Madrid nos revela que los matices ideológicos del cambio vienen a través de los adjetivos.

Sería una estrategia suicida no abanderar la idea de cambio que anhelan los ciudadanos como han expresado ya en las urnas autonómicas y locales. Incluso el Partido Popular, a través de su nuevo rostro de comunicación asume el mensaje. Aunque en la inabarcable sonrisa de Pablo Casado solo cabe la autocrítica en las formas de comunicar que ha tenido su partido y no en las políticas que asegura nos han sacado de la peor crisis económica en décadas para ser la envidia de la creación de empleo en Europa. “Yo no pido que se haga política nueva, pido política buena” sentenciaba en su intervención que sonaba recitada, a resultado de repeticiones frente a su espejo o al de su equipo de comunicación.

Calmado y dando peso a las palabras frenó la calurosa tarde de verano Patxi López. El portavoz con más trayectoria y experiencia de gobierno de los que pasaron por el Ateneo. El PSOE se ve con capacidad para ganar las próximas generales y acompaña su cambio de dos adjetivos: seguro y justo. Seguro porque los socialistas son una alternativa de gobierno asentada y con estructura. Justo porque para López los esfuerzos para poder superar la crisis se han soportado sobre los trabajadores y familias. En el inicio del crecimiento están saliendo beneficiados los grandes capitales, siendo olvidadas de nuevo las clases media y baja. Propone un mejor reparto a través de más inversión pública.

Hacia la izquierda viró el discurso con la llegada de Alberto Garzón, con la mochila al hombro. El candidato de IU a la presidencia del Gobierno realizó la exposición más dura y agresiva en tono y gestos como si considera casi perdida la batalla. Su cambio debe ser democrático y participativo, considera que lo que desean los españoles es que los movimientos ciudadanos se instalen en las instituciones. Defendió la democracia económica y con entusiasmo una candidatura de unidad popular para ganar La Moncloa, a pesar de que la sala le recordara que Pablo Iglesias ya le ha negado más de tres veces.

Desapercibido entre en el público esperaba su turno Carlos Martínez Gorriagán que asumió un tono dolido con el trato a UPyD. Su portavoz adjunto recordó los logros de un magenta sin mañana, que se deshilacha en continuas peleas internas. Su cambio es el único sin adjetivo porque a día de hoy carece de futuro.

Nunca había dado tanta importancia a los adjetivos en la política, aunque ahora creo que son las palabras más relevantes. Modelan, limitan, desdibujan o precisan, despiertan filias, confianza o rechazo.

Abierto a las palabras, como siempre ansioso de debate, desembarcó Albert Rivera. El presidente de Ciudadanos hizo valer su gran habilidad oratoria para hablar poco y agrandar el tiempo de preguntas para explicar incasable su cambio sensato. Explicó Rivera con su media sonrisa amable y su posición de atentísimo “escuchante” que su formación busca desarrollar un “cuarto gran proyecto de país (tras los de Suárez, González y Aznar) basado en la regeneración de las instituciones y el diálogo constante que resulte en pactos con todos los que quieran ayudar a transformar España.

Cerró la tarde el ciclón Íñigo Errejón. El número dos de Podemos derrochó verborrea en una cadencia casi imposible de seguir. Presentó su cambio excluyente trufado de teoría política y aderezado con intentos de ahuyentar el miedo a un proyecto que tras el bombardeo oratorio salió tan inmaculado como llegó a la sala. Asegura que los gobiernos locales arropados por Podemos demostrarán con hechos que no hay nada que temer y que su proyecto no solo se queda en las ideas.

Tras el maratón de palabras, sin duda alguna, ganan los adjetivos. El cambio seguro, justo, democrático, sensato, posible… Es sobre lo que tocará elegir en unos pocos meses. Nunca había dado tanta importancia a los adjetivos en la política, aunque ahora creo que son las palabras más relevantes. Modelan, limitan, desdibujan o precisan, despiertan filias, confianza o rechazo. Son la luz imprescindible para decidir ante una imagen estandarizada y homogénea. Lo que abandonaron en los vestidores lo desvelan las palabras.

Artículo publicado el Publicoscopia
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