El Gobierno mordaza

Artículo publicado en Publicoscopia

ssyRWgF8Hay veces que una sola frase es capaz de hacer saltar todas las alarmas, que las luces de emergencia arranquen a girar con ansiedad e incertidumbre. Lo ha conseguido el ministro de Justicia, Rafael Catalá, con una reflexión en un acto público que ha disparado la indignación. No solo por la literalidad de la frase (que también), si no por lo que deja entender cada una de las palabras. Dijo Catalá que habría que “sancionar con firmeza” y “trasladar la sanción al medio e imponer la orden de la no publicación” cuando se trate de filtraciones sobre sumarios secretos. Añadió que “es un tema bonito, que hemos tomado en consideración pero que quizá no hemos tenido el arrojo de llevarlo adelante en este momento”.

El ministro de Justicia plantea sin tapujos una limitación intolerable a la libertad de información y al trabajo del periodista en España. No lo espeta como un desliz, como un “calentón verbal” del que ya se ha arrepentido y rectificado. Explica que el Ejecutivo de Rajoy ha debatido sobre esas sanciones pero que no las ha hecho realidad porque no ha tenido la valentía suficiente para instaurar una censura previa a lo que pueden y no pueden publicar los medios de comunicación sobre ciertos asuntos judiciales.

Esta auténtica declaración de intenciones y falta de respeto a la libertad de información es un nuevo paso atrás en la calidad democrática de nuestro país. Uno más, de una estrategia del Gobierno del Partido Popular por controlar con mano de hierro los medios de comunicación para eliminar la crítica y las informaciones incómodas cuando se sienten acosados por los escándalos. No es nuevo, hace dos años el anterior ministro de Justicia ya lo planteó en el borrador del Código Procesal Penal, luego no es una ocurrencia de Catalá, es un tema que el Ejecutivo de Rajoy se plantea seriamente. Sigue la línea de la conocida como “Ley Mordaza” que recoge sanciones para los informadores que tomen fotografías o graben imágenes de agentes de las fuerzas de seguridad en el ejercicio de sus funciones públicas.

La propuesta de Catalá es una censura previa intolerable en una democracia moderna y más cercana a regímenes tan cuestionados como el de Venezuela o Cuba, que por cierto, se utilizan por el PP como argumento para criticar a otros partidos. No es solo un ataque a un pilar del periodismo, supondría hurtar a los ciudadanos de uno de sus derechos fundamentales. El derecho a la libre información es de los ciudadanos, no de los periodistas que son la herramienta imprescindible para hacer efectivo ese derecho. Los medios de comunicación no solo tienen el derecho a difundir la información veraz y relevante a la que consigan acceder, tienen la obligación de hacerlo. La Constitución marca dos únicos límites a la libertad de información: la veracidad y la relevancia pública. Así lo han corroborado varias sentencias del Tribunal Constitucional.

Censurar a la prensa es proteger a los corruptos y a los delincuentes, es sembrar impunidad. Amordazar el periodismo es apostar por ciudadanos dóciles, desinformados y poco críticos.

Las filtraciones son la base del periodismo de investigación, gracias a ellas los ciudadanos españoles han conocido detalles sobre el escándalo de Rodrigo Rato, el de las tarjetas black, la trama Púnica, la Gürtel, Urdangarín, los ERES andaluces, los Pujol… y eso solo en página política reciente. En otros países, la salida a la luz de papeles secretos ha aireado los trapos sucios de la política internacional que difundió Wikileaks o cómo Estados Unidos se saltaba los derechos humanos en cárceles como la de Guantánamo.

Censurar a la prensa es proteger a los corruptos y a los delincuentes, es sembrar impunidad. Amordazar el periodismo es apostar por ciudadanos dóciles, desinformados y poco críticos. Catalá sugiere que no sean los jueces quienes decidan sobre si una información publicada ha dañado algún derecho, que sea el Gobierno el que decida previamente a quién y cómo proteger disparando contra el mensajero. Una injerencia indecente. Ante la exigencia de transparencia y regeneración de la ciudadanía se empeñan en la oscuridad y las mordazas para esconder su larga lista de vergüenzas.

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