Errores

Artículo publicado en Publicoscopia

ssyRWgF8Cometer 30 faltas de ortografía en un texto de 19 líneas es un error que no puede permitirse una concejala de Cultura ni siquiera en en su despedida del cargo y ni en Facebook, como si las redes sociales fueran terreno para la impunidad ante el terrorismo lingüístico. Que el líder de la oposición se equivoque de botón en el Congreso de los Diputados en una votación tan importante como la reforma de la ley del aborto y apoye al Gobierno es un error que invita a suplicar que te trague el escaño. El presidente del Gobierno diciendo “yo voy donde me llevan” para argumentar por qué no visita los lugares más afectados por las crecidas del Ebro más que un error es una torpeza política. El histórico “¿por qué no te callas?” del Rey Juan Carlos I a Hugo Chávez en la Cumbre Iberoamericana de 2007 es un error de contención hasta justificable ante el acoso del venezolano.

Los errores son algo tan humano que es imposible no cometerlos. La habilidad y la preparación harán que sean más o menos salvables, que abunden o sean la excepción. Hunden la trayectoria o se convierten en 48 horas ininterrumpidas de invasión de “memes”. Lo importante de los errores no es tenerlos, es afrontarlos y no cometerlos en los momentos decisivos. Y más aún en política, donde los gestos y las reacciones nos dicen siempre más que las palabras ensayadas y las promesas impostadas.

Me fiaría más de quien ha errado cien veces que aquel que presume de haber acertado siempre. No hay que tener miedo al fallo, hay que espabilarse y resolver los problemas.

Maryrén Beneyto (la concejala valenciana de la incultura) se explica salpicando en el barrizal. Asegurando que lo ha escrito rápido, que es un mensaje privado escrito al “caloret” de los sentimientos (como diría su alcaldesa). Será que en privado se puede maltratar las palabras y exhibir la ignorancia aunque en público seamos capaces (aunque lo dudo) de parecer eruditos. Error para tapar el error. Menuda despedida política. Pedro Sánchez traga saliva y se disculpa ante la nube de periodistas. Hay que reconocerle que de la cara en vez que esconderse hasta que pase el temporal. Al menos salva la dignidad. Mariano Rajoy no solo insiste en su tesis de dejarse llevar, si no que casi resume así su forma de hacer política. Al contrario que Don Juan Carlos que incluso salió reforzado en imagen tras su patinazo diplomático pero entendido en la calle como un arrebato razonable de valentía patriótica.

Las victorias se disfrutan y de los errores sobre todo se aprende, si se quiere aprender. Me fiaría más de quien ha errado cien veces que aquel que presume de haber acertado siempre. No hay que tener miedo al fallo, hay que espabilarse y resolver los problemas. En el tenis casi nunca gana quien más acierta sino quien menos errores comete. También en la política. No importan dos dobles faltas y ser incapaz de devolver sus derechazos en el primer set. Si los dos siguientes encuentras la manera de que sea él adversario quien las tire fuera acabarás teniendo bola de partido. Ahora cierra los ojos, controla los nervios, repasa que no hacer y piensa la jugada. Tu historial de fallos parciales serán la mejor estrategia para evitar un error definitivo.

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