Artículo publicado en Publicoscopia

ssyRWgF8“Definirse es limitarse”. Es una frase de Gray (Gray con “a”, no con la “e” que lo convierte en fantasía sexual), de “El retrato de Dorian Gray”. Oscar Wilde ponía en los labios de Lord Henry esta contundente sentencia durante una conversación de té en la que junto al hombre del retrato y Lady Narborough debatía sobre el nombre de las cosas. En muchas ocasiones nombrar es ya definir, pero no en todas. Sucede con todo lo que aparece nuevo y cuyo nombre marcará como se guarde en los cajones de nuestra memoria.

Un nuevo nombre puede decir mucho o no decir nada. En política, los partidos surgidos en los últimos tiempos han buscado romper con todo lo anterior. El nombre ha sido primera gran apuesta, su primer acto de rebeldía. Pasó la moda de las siglas y ahora la mayor parte de los partidos son verbos o sustantivos. Podemos, Ciudadanos, Ganemos… y decenas de ejemplos más. Sin embargo, las palabras van cargándose de atributos según su relación con todo lo que le rodea. Son seres vivos que se transforman constantemente y que pueden pasar de evocar el éxito, la promesa o la esperanza a tomarse como sinónimo del fracaso y la decepción.

A las organizaciones las definen más sus actos que su denominación. Por eso pesa tanto la mochila de los partidos tradicionales, por eso de momento andan tan ligeros los nuevos líderes pregonando un tiempo nuevo que no quieren ni responder si son de izquierdas o derechas, o cuánto de izquierdas o derechas son. Hasta ahora han jugado deliberadamente a esconder sus cartas, a no aportar adjetivos ni adverbios a sus nombres. La primera prueba de fuego llega tras el 22 de marzo. Las elecciones en Andalucía empezarán a llenar la maleta de viaje de Podemos o Ciudadanos.

Si se cumplen las encuestas, los andaluces van a elegir un parlamento fragmentado, sin una mayoría absoluta que permita gobernar. Todos los estudios auguran que el PSOE de Susana Díaz ganará los comicios, pero no superará los 45 escaños. Segunda fuerza política será el PP con 30. Podemos irrumpirá con 15 y Ciudadanos obtendría 12 representantes. La aritmética parlamentaria (la mayoría absoluta está en 55 escaños) hace una invitación abierta y casi obligada a los pactos para garantizar la estabilidad. Será el momento de limitarse, si seguimos aceptando que es la consecuencia de definirse. Cualquier pacto va a condicionar los siguientes pasos de los nuevos partidos a nivel nacional cuando ni siquiera hay tiempo para encomendarse a la frágil memoria del electorado español.

En dos meses, sus nombres volverán a examinarse en la mayoría de las comunidades autónomas y ayuntamientos del país, a final de año habrá generales. Esta primera experiencia puede decantar la decisión de muchos votantes. Los castillos de naipes construidos a partir de algunos lemas pueden venirse abajo en una sola firma, en una sola foto, en la que PSOE se sume a Podemos… o a Ciudadanos para gobernar Andalucía. Es la decisión más difícil que han tenido que tomar hasta ahora.

Empezarán a definirse, a llenar ese cajón de la memoria que hemos etiquetado con su nombre y que hasta ahora se encuentra casi vacío. Volviendo a la argumentación de Lord Henry, asegura que “los nombres son todo”. Discrepo. Un buen nombre es como una mujer joven, atractiva, exuberante y provocadora. Un imán que deslumbra el primer cuarto hora pero que debe llenar la belleza con algo más. Seducir con gestos, afinidades, inquietudes, convicciones, propuestas… Terminarás enamorado de ella si aguanta el tipo al menos hasta el final de la primera cena. Como dice Ignacio Camacho, “muy pocos políticos llegan hasta el postre” en una conversación profunda en la que examinemos su solidez, sus propuestas, sus principios, su preparación y su coherencia. Los nuevos partidos aún andan rebañando los entrantes.

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