Convenciones terapéuticas

Artículo publicado en Publicoscopia

ssyRWgF8Si su partido padece migrañas constantes por corrupción. Si tiene pérdidas de apoyos de sus líderes históricos o territoriales. Incluso si sufre de diarrea de intención de voto. Si dentro de su partido falta ánimo y sus militantes leucocitos no parecen preparados para plantar batalla a los virus se se están haciendo fuertes en su parte del espectro ideológico. Si siente mareos y hemorragia de valores o si su candidato no le consigue elevar la lívido (política, por supuesto). Lo mejor es que se someta a una convención nacional. Lo recomiendan nueve de cada diez politólogos.

Así lo hizo el pasado fin de semana el Partido Popular, y misma terapia se han recetado los socialistas para el próximo. Ambos necesitan este tratamiento de choque para ahuyentar fantasmas, autoproclamarse los mejores y más preparados, hacer unos cuantos chistes sobre los rivales y, como en las mejores familias, salir abrazados y reafirmados o poner una sonrisa postiza en la foto y pelearse en la intimidad… lo que toque.

Las convenciones políticas están indicadas para la depresión del militante y del candidato. Son una terapia de consumo interno retransmitida por los medios de comunicación (eso sí, solo las grandes intervenciones y a través de una señal realizada, no vaya a ser que alguien enseñe algún mal gesto o rincón sin abrillantar). Los grandes partidos que por haberse repartido tantos años el poder se han convertido casi en empresas en las que hacer carrera, consiguen con estos encuentros el mismo resultado de las dinámicas de grupo. Son una mezcla de viaje de trabajo con sesión de “karting” y las convivencias que organizan muchos colegios.

El PP necesitaba tomarse esta pastilla para unir a sus militantes y a sus cargos. Mucha puesta en escena y los mensajes que querían escuchar antes de lanzar definitivamente la primera precampaña de este año “multielectoral”. Marcar territorio e intentar convencerse que la corrupción no va a perjudicarlos más, como si fuera algo muy desagradable que les ha pasado a otros. El PSOE también va a buscar unión en su convención de Valencia, pero en este caso en torno a un líder cuestionado e incluso ninguneado en los últimos días por grandes figuras del socialismo. Y todo, mientras intenta contener el huracán que cada día hace volar y volar más votos hacia otras nuevas opciones políticas, sobre todo Podemos.

Las convenciones políticas son una teatralización espectacular y muy cara para alimentarse a si mismos. Eventos de consumo interno retransmitidos en directo. Sobran tanto como la mayoría de los mitines de las campañas electorales que se llenan con los convencidos y algún autocar de jubilados. ¿O de verdad se creen que son imprescindibles para marcar las líneas de acción política y el programa electoral? Eso se decide en otros foros, mucho menos participativos y multitudinarios.

Las convenciones políticas son convenciones terapéuticas. Y pueden ser muy efectivas, pero antes de administrar no olviden leerse bien el prospecto.

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