Kalashnikov con balas de odio en París

Artículo publicado en Publicoscopia

$RLOM1OXEl terror nos despierta de la Navidad devolviéndonos a la crudeza del mundo en el que nos ha tocado vivir. A estas horas poco queda ya de la ilusión del Día de Reyes y de la alegría colectiva que supone estrenar un nuevo año. En occidente, el 2015 comienza triste. Con un nuevo zarpazo de ese tigre agazapado que supone la sinrazón de los radicalismos. Están entre nosotros, esperando cualquier oportunidad, cualquier descuido para matar.

Esta vez ha sido en París, atacando a ráfagas de kalashnikov y escondidos tras vestimentas negras de muerte para masacrar periodistas gráficos del semanario Charlie Hebdo. Al escribir estas líneas son 12 los fallecidos, 8 periodistas (entre ellos el director de la publicación), 1 invitado y 2 policías con los que se cruzaron en la puerta de las instalaciones. Además hay 11 personas heridas.

Uno de los policías se llamaba Ahmed, un pequeño detalle de la diversidad que desprecian. Los terroristas mataron al grito de “Alá es grande”, quizá sonriendo tras los pasamontañas al saberse héroes de su locura yihadista en la que se creen vengadores de unas supuestas blasfemias cometidas por Charle Hebdo al publicar caricaturas en las que aparecía el profeta Mahoma. Quieren romper los lapiceros y las plumas con sus balas y explosiones. En su pesadilla la libertad no existe, buscan borrarla de los diccionarios. No existe para expresarse, ni para opinar, ni para progresar, ni para las mujeres, ni para los niños… Se entregan a un dios por el que inmolan cualquier futuro. Quizá en el fondo, si es que lo tienen estas alimañas que un día fueron personas, tengan envidia de nuestra libertad.

Este atentado es un golpe durísimo contra Francia, contra Europa y contra el resto del mundo occidental. Han ametrallado 12 vidas, y a la vez la libertad de expresión, el derecho a la información y la posibilidad de crítica. Han querido ver caer uno de los pilares esenciales de nuestras democracias. Occidente en shock por 12 vidas, cuando cada día mueren cientos en las guerras que toleramos en lugares que la mayoría no saben ni situar en el mapa. Es la situación que hace imposible frenar la ola de terrorismo yihadista que no deja de crecer. No tienen razón en nada si lo imponen con la violencia, no van a vencernos jamás. Seguiremos en pie defendiendo la libertad y la democracia en la que creemos. Pero mientras no dejemos de mirar para otro lado ante lo que sucede en Siria, Afganistán, Irak, Argelia, Mali, Kenia… tendremos que seguir siempre alerta. Estarán ganando una mínima parte de su misión, la que espera que nunca más volvamos a sentirnos seguros.

Gobiernos occidentales les venden armas a los bandos de sus guerras a conveniencia, juegan a poner y quitar gobiernos o dictadores y protegen solo los pozos de petróleo mientras la población está abandonada a su suerte mientras observa por la tele nuestro presunto oasis de riqueza. La pobreza, la falta de educación y la ausencia de futuro en todos esos países es el caldo de cultivo de nuevos terroristas. Aprovechan la ignorancia para sembrar en sus cabezas la semilla del odio, de la religión malentendida (que apuñala en vez de abrazar) y cuando germina… nada puede detenerlos. Vuelven a nuestras sociedades multiculturales sin llamar la atención, se preparan en sus guaridas, calculan en silencio cada nuevo atentado. En su mente ya no hay piedad ni empatía. Solo hay venganza. Incluso logran infectar su veneno genocida a través de Internet entre ciudadanos europeos que también han perdido toda esperanza y son captados mientras vagan sin rumbo hacia la radicalización.

El reto es de las democracias es doble. Primero, defenderse y nunca arrodillarse ante la sinrazón. Segundo (o de forma simultánea) atacarles a los cimientos de su infierno, que el paraíso prometido no espere tras el asesinato sino que puedan vivirlo en Estados con oportunidades donde el Islam recupere su esencia de religión hermana que profesan millones de musulmanes en todo el mundo. Los terroristas quieren ser las termitas de nuestros sistemas de derechos y libertades. El problema es que no sabemos con exactitud cuánto está de extendida la plaga. Cuanto más tiempo pasemos sin combatirla, más difícil será sanarnos para siempre.

El atentado de París lo cometieron tres terroristas que al salir del semanario jalearon “Hemos matado a Charlie Hebdo”. En eso también se equivocan.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. crischra dice:

    Reblogueó esto en y comentado:
    Que no se mate más la libertad de expresión

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