brindis-fiestasLas manchas de café con vinagre, las de sangre con amoniaco y las de vino con agua oxigenada. ¿Pero con qué se quitan las manchas de lágrimas? Una vez que se secan se hacen invisibles, pero nunca desaparecen.

En muchas familias la Navidad recuerda prendas y prendas manchadas de lágrimas. Sillas vacías, costumbres perdidas o ilusiones rotas. Han dejado de verse, pero se siguen sintiendo.

El problema de la Navidad es que destiñe con los años. Comienza siendo un sueño maravilloso mientras dura la inocencia. Es un compromiso familiar entrañable en la adolescencia y después empieza a perder color. Las ausencias van apagando su brillo aunque sigamos disfrutando con sonrisas de todos los abrazos. Nos obliga a recordar, algo que acaricia y duele al mismo tiempo. Brindar por el futuro, saboreando el presente y añorando el pasado.

Solo logra deslumbrar otra vez cuando una nueva generación corretea al amanecer para abrir los regalos. Cuando la ilusión vuelve a habitar entre las figuras del Belén y las luces del árbol. Ellos, que todavía no han llorado nunca desde el alma.

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