El arte de lo corrupto

Artículo publicado en Publicoscopia
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Roberto Espínola y su traje anticorrupción

“Es el negocio de la tristeza. Las mejores canciones han sido el resultado de tragedias” leía a Bryan Ferry en una reciente entrevista. Y las mejores poesías, obras de teatro, fotografías, pinturas o esculturas. Las tragedias suelen ser las musas de la cultura, y eso que entre las nueve diosas griegas de Hesíodo solo Melpómene (“la melodiosa”) era reconocida como inspiradora de la tragedia porque a pesar de tenerlo todo nunca conseguía ser feliz.

No es raro por tanto que la corrupción, una de las enfermedades de las sociedades actuales, haya conseguido hacerse un hueco en las expresiones artísticas. Nunca desterrará al desamor, la venganza, y la muerte en la lista de tragedias inspiradoras, pero ya existe un arte de lo corrupto que refleja y denuncia los abusos del poder.

En Paraguay, el sastre Roberto Espínola ha creado un traje anticorrupción para políticos y funcionarios. No tiene ningún bolsillo ni en el interior ni en el exterior, dice el modisto, para que no haya lugar para guardar los sobornos. El colombiano Yazmany Arboleda ha conseguido impulsar movimientos artísticos sociales en varios países. En Johannesburgo (Sudáfrica) lideró a 30 artistas locales para pintar manchas de pintura en las ventanas de edificios abandonados y alertar así del gravísimo problema de la especulación urbanística.

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Intervención artística de Yazmany Arboleda en Johannesburgo

En España, la corrupción también define por desgracia el momento que nos está tocando vivir. La artista Eulália Grau lo plasma en su obra de fotografías y collages. Lleva cuarenta años denunciando a través de la creación artística. De los prisioneros políticos a los obreros en paro de otras décadas, su trayectoria termina con una obra que ilustra los casos Gürtel, Nóos o Millet. Titulada “Me gustaría morir donde nadie me viera. Maria” intercala imágenes de pobreza con los protagonistas de estas tramas de corrupción política y empresarial.

Uno de los referentes internacionales en esta forma de expresar es Carlos Garaicoa. Dentro de su proyecto “Saving the safe” también denuncia lo que considera la degeneración física y social de los ideales políticos. Lo hace a través de la arquitectura. Una de sus obras reproduce el Banco de España, el Bundesbank alemán y el Banco de la Nación Argentina como joyas de oro en una caja fuerte custodiada por guardias de seguridad.

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“Saving the safe”, Carlos Garaicoa.

Dice Garaicoa que “el arte funciona como catarsis, como cura momentánea” en herencia de lo que ya practicaban los griegos en sus teatros. Sin duda alguna toda obra nos refleja de algún modo, y verse en el espejo siempre suele ser la mejor manera de aceptar la realidad. En lo que discrepo es en que solo el arte pueda servir para curarnos. Ante una sociedad que perdió la ética el primer paso es la catarsis, el siguiente debe ser reaccionar y cambiar las cosas.

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