Sin anestesia

sueños-bajo-anestesiaVergüenza, indignación, hastío, rabia… son algunas de las palabras que más se han escrito y escuchado en los últimos días. Casi cada semana conocemos un nuevo escándalo de corrupción político y/o empresarial. Es una enfermedad que pudre nuestra sociedad y que puede llevarnos a la desesperanza. Por eso, yo quiero encontrar algún argumento positivo, alguna reflexión que nos ayude a afrontar esta patología con serenidad y con la seguridad de que vamos a superarla.

Los médicos siempre dicen que la mentalidad con la que afrontamos las enfermedades es un elemento clave, ser positivo multiplica las posibilidades de curación. La sociedad española lleva años sufriendo una terapia dura y sin anestesia. Cuando creímos en una prosperidad inagotable nos estallaron la burbuja inmobiliaria. Fue uno de los primeros síntomas de una infección general llamada crisis económica que todavía padecemos. Sin anestesia también nos están revelando que hay muchas células podridas entre nuestros políticos, empresarios, sindicalistas… Nos ha dolido, nos está doliendo mucho. Mientras muchos siguen con fiebre otros se montan botellones de antibióticos. Los tiran por el suelo con desprecio y avaricia.

La parte positiva es que estamos aguantando casi sin medicamentos. No hemos caído en la opción de “empastillarnos” cada día para evadirnos de una realidad que nos desconcierta y encoleriza. Cada semana descubrimos nuevas bacterias y no sucumbimos. Seguimos respondiendo con rabia. Seguimos exigiendo responsabilidades. Seguimos aumentando la presión de una olla a punto de explotar.

No nos hemos rendido a la medicación. No estamos anestesiados ante la corrupción, la indecencia y la desvergüenza. No nos hemos dormido, no nos hemos dado por vencidos. Queremos curarnos, extirpar todo lo infectado y volver a levantarnos.

Han intentado que caigamos en lo fácil, en el calmante de los engaños y en el placebo de las distracciones con asuntos irrelevantes. Pero no nos hemos entregado. La actual clase política sabe que se juega su futuro y cada vez toma decisiones antes. Incluso piden perdón. Ahora solo falta que la justicia sea implacable y que obligue a los corruptos a devolver todo lo que se llevaron. Pero para eso hay que continuar exigiendo. No nos dejemos distraer ni anestesiar. Hay que completar el tratamiento que expulse a todos los indignos y mantenga solo a los que realmente tienen vocación de entregarse a la sociedad. Los hay, y muchos. Hoy estamos más cerca de curarnos.

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