La tercera ráfaga de viento provoca un ligero chasquido. La hoja cobre comienza a dejarse caer, casi flotar. El otoño sueña con conseguir teñirlo todo de marrones, morados, ocres y amarillos. Viste de etiqueta los árboles y despliega su alfombra rojiza en un suelo conquistado por efímeras setas y hongos.

El otoño son colores, pero también aromas. Huele a lluvia, a tierra mojada y a castañas asadas. Anuncia el frío que llegará y nos sugiere recogernos, conectarnos con nuestra esencia. Para muchos es una estación triste, para mí es una auténtica invitación a la serenidad.

Octubre calma el ímpetu veraniego, relaja los excesos y nos devuelve al silencio del hogar, al calor de las mantas y al abrigo de las chaquetas de lana. El otoño es reflexión, casi meditación… como la hoja cobre que sigue cayendo sintiéndose pluma, sin temer al vacío, sabiendo que su destino es formar parte de esa nueva piel con la que se dota la naturaleza antes de que llegue el duro invierno.

Quizá esta estación no nos de la paleta de colores más variada, pero sí la más elegante. Difumina el paisaje como un pintor expresionista. Nos seduce sin exuberancias, nos enamora con la perfección de lo simple. La de un sol anaranjado y cansado, que va entregando cada día más minutos a la noche. Que se cuela entre las ventanas dibujando siluetas olvidadas y que parece enfriarse lentamente cual brasa que se consume abandonada en la chimenea.

Si cierro los ojos, el otoño que rescata mi memoria está en la Sierra de Béjar (Salamanca). Su naturaleza nos lo enseña de una forma tan deslumbrante como íntima. Te propone pasear despacio entre sus bosques para buscar el recogimiento de un banco o una fuente entre castaños. Te sugiere susurrar y tan solo escuchar el crujido de tus pasos, que aplastan esa última hoja cobre que acaba de tocar el suelo.

El otoño es la belleza efímera y la pasión de coleccionar instantes que merezca la pena recordar. Algo tan simple y a la vez tan complicado. Como el vuelo de la hoja cobre, como el paso del tiempo, como la vida.

 

(Esta galería de fotos de Juan Carlos Martín permite disfrutar del otoño en la Sierra de Béjar, aunque yo recomendaría mejor una visita)
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