Arropado por el silencio

BD4032-001El silencio arropa mucho más que estremece si se aprende a apreciar. Ese silencio imperfecto, que nos permite escuchar nuestra respiración, el tictac del reloj de pared y el crujir de la silla donde estamos sentados. Ese vacío colmado de realidad que nos facilita el sano ejercicio de reflexionar.

Una quietud que nos abriga lo suficiente para poder sentirnos seguros, despreocuparnos de lo que nos rodea y poder viajar a nuestro interior. Subiendo las escaleras de los problemas y deslizando por los toboganes de la ilusión. Buscando soluciones y anticipándonos a nuevos retos. Ensayando las piruetas que creemos que va exigirnos la vida en el minuto siguiente.

Muchos de los malabares son sencillos, basta con un pequeño ensayo con los ojos cerrados. Sin embargo, hay veces que todo parece impulsarnos hacia algo más complejo y peligroso. Como en el circo, “el más difícil todavía” se adivina tras la siguiente esquina del laberinto que construimos para intentar entender nuestra existencia.

Pocos podrían explicar por qué llega ese momento en el que comienzas a pedirte un salto mortal. Abandonar la seguridad del doble tirabuzón que has repetido con éxito cientos de veces, para arriesgar con un ejercicio nuevo.

Apostar por el  riesgo. Quizá porque es la manera de seguir sintiéndose realmente vivo. Porque para algunos,  poco tiene sentido si no existe un reto delante de nuestras narices, una aventura ilusionante que te desperece de lo cotidiano. Que haga pedazos la rutina para construirla de nuevo desde los cimientos.

Último ensayo por hoy. Todavía no lo tienes claro, no sabes muy bien dónde podrías caer al completar el giro. Hay que conquistar el futuro pero nunca dejarse lanzar contra las rocas sin medir bien si serás capaz de alcanzar el mar. Es necesario diseñar el plan siendo consciente que jugar lleva implícita la posibilidad de perder. Intentar minimizar el protagonismo del azar y negar la existencia del destino.

Abres los ojos. Tu hogar sigue quieto, casi inmóvil, como si el tiempo solo pasase por las agujas del reloj. Al volver a mirar la estantería, el teléfono móvil sobre la mesa o las arrugas de los cojines del sofá, regresas al mundo exterior. Tienes claro que mañana tampoco será el día, quizá ni pasado, ni dentro de dos semanas o tres meses. Pero cada vez está más cerca. Sientes que necesitas abrir una nueva etapa. No es la primera vez y seguramente no será la última.

Quizá sea tu instinto animal, que te impide evitar huir de los ciclos que marcan todo en la naturaleza y el universo. Quizá sea el poder humano de la razón que se niega a dejar de soñar, que se resiste al aburrimiento. Cada objetivo cumplido marca una nueva meta. Solo así calmas la sed más profunda.

Apagas la luz, y a la sábana del silencio añades la manta de la oscuridad. Te vence el sueño.

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