original_shutterstock_131290649Los resultados de las Elecciones Europeas del 25 de mayo de 2014 han enviado un mensaje nítido: el bipartidismo pierde poder y los ciudadanos están dispuestos a apoyar a nuevas opciones políticas para luchar por un cambio que no ofrecen ni PP (16)  ni PSOE (14).  Ha sido un primer aviso para los populares, que por primera vez sufren un castigo fuerte en los últimos años. Más veces habían alertado a los socialistas sus votantes, aunque hasta ahora el PSOE no ha querido escuchar y sigue perdiendo apoyo por todos lados… por la izquierda y por el centro.

La decepción con los dos grandes partidos españoles es tan grande que los ciudadanos han elegido ofrecer oportunidades a otros nuevos actores. Se consolida el crecimiento de Upyd (4)  y de Izquierda Unida (6). Irrumpe con fuerza Podemos (5), la revelación de estas elecciones;  y también crece de forma amplia el apoyo a Ciudadanos (2)… que por primera vez se presentaba para toda España y que ha conseguido un número nada desdeñable de votos fuera de Cataluña.

PP y PSOE deben desde hoy hacer autocrítica. Profunda, en serio y esta vez… desde la sinceridad. Esperemos que no pasen del “¡que viene el lobo!” usado en campaña electoral para acusarse mutuamente de quebradores de países y asesinos de los derechos de los ciudadanos, a la demonización y desprestigio de esas nuevas fuerzas políticas que han conseguido representación. Que no vuelvan a tratarnos como menores de edad y concentren su mensaje en “¡que viene el lobo!” de nuevos partidos inestables, personalistas, que no tienen continuidad y que se aprovechan del populismo y de los extremos ideológicos. Eso ya lo veremos. Los ciudadanos han decidido esta vez darles una oportunidad, y en democracia, eso debería ser suficiente para ganarse su respeto.

Es cierto que las Elecciones Europeas no permiten hacer un análisis preciso de la situación política en España, porque sus resultados no son extrapolables a unas generales, autonómicas o municipales. Con el voto europeo se hacen más experimentos, alguna aventura y muchos votos de reproche.  Sin embargo, sí que es un termómetro de hacia donde están mirando los ciudadanos. Y más en esta ocasión, con unos resultados tan brutales. PP y PSOE no llegan a sumar el 50 por ciento de los votos, han perdido entre los dos 17 eurodiputados, más de 5 millones de sufragios.  Aunque solo sea un termómetro, cuando sube tanto la fiebre lo más probable es que se esté enfermo.

Los votantes han dejado la piedra en el tejado de esos nuevos partidos que se afianzan y suben con fuerza. Es el momento de que UpyD, Podemos y Ciudadanos demuestren si han llegado para quedarse o son un chubasco en la primavera de 2014. Tienen un año para desarrollar y presentar un proyecto serio, consistente e ilusionante que mantenga el voto conseguido, o incluso les permita crecer todavía más.

Hace tiempo que defiendo que España necesita urgentemente un cambio de clase política. Que el problema está más en las personas que en las siglas o en la ideología. Quizá el cambio haya comenzado este 25 de mayo. Los ciudadanos han mejorado el apoyo a líderes nuevos, sin pasados turbios ni hipotecas. Han apostado por una nueva generación política. Incluso en el PSOE. La presidenta de Andalucía Susana Díaz es la que sostiene el granero socialista con una ventaja de más de 9 puntos sobre el PP. Es la única que aguanta el envite y la desesperanza; y casualmente o no, es una líder reciente, joven y directa.

¡Que viene el lobo! Deben estar asustados PP y PSOE ante este duro golpe. Quizá sea solo un aviso, pero o el cambio es drástico o perderán terreno para siempre. Ojalá nos encaminemos a una España con una representación más diversa y plural en sus instituciones. Con más voces, y donde el diálogo y la negociación no sean una oferta si no una necesidad para tomar decisiones. No creo que la diversidad sea sinónimo de inestabilidad, al contrario, confío en que gobernando desde el acuerdo amplio se conseguiría una democracia más participativa y menos paternalista.

 

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