1261489595_0 “Somos del mismo material con que se tejen los sueños, nuestra pequeña vida está rodeada de sueños” . Es una de las decenas de frases que nos dejó William Shakespeare, uno de los autores más universales. Estos días se cumplen 450 años de su nacimiento, un tiempo en el que Shakespeare ha calado tanto en nuestro pensamiento y nuestra iconografía que ahora sería ya imposible separarlo. El genio inglés está en todas partes, ha sido representado miles de veces, cada día sus obras se suben al menos a un escenario del mundo, están en el cine, en la escultura, en la pintura… Sus referencias son casi omnipresentes en nuestra sociedad. 

Shakespeare, el atormentado por las emociones humanas y por la fugacidad de la existencia, logró ser inmortal. Se ganó por derecho propio a lo largo del tiempo un sitio en este lugar tan codiciado y tan difícil de alcanzar, el Olimpo de nuestra cultura. Una vez allí, su legado es eterno. Qué pena que aquel hombre inglés ni siquiera pudiera imaginarse hasta donde llegarían sus obras.

Yo soy uno de esos millones de personas de cada generación que se han visto marcados por las palabras y los pensamientos de Shakespare.  Por eso considero inevitable este pequeño homenaje en estos 450 años de su nacimiento.

 

HAMLET, con Mel Gibson

 

Me crucé con Shakespeare por primera vez en serio en el instituto, gracias a mi profesora de literatura. Nos encargó leer y declamar Hamlet. Desde entonces Hamlet me acompaña en cada paso del camino. Con toda seguridad es el libro que más me ha marcado en mi vida, el que más veces he releído y al que en más ocasiones he acudido. Ya sea rebuscando monólogos y diálogos entre sus páginas, en las decenas de versiones cinematográficas o teatrales que se han realizado, o como referencia para otras muchas manifestaciones culturales.

Para mí Hamlet siempre está ahí. Para darnos lecciones de vida, de política, de sentimientos, de las miserias humanas, de lo mejor y lo peor de cada persona… para enseñarnos a caer y a levantarnos. A morir y a vivir.

 

OTHELLO, con Kenneth Branagh

 

Shakespeare es un prestidigitador de las palabras  y las emociones. Juega con ellas sin el menor pudor, alardeando de su habilidad y sus trucos para conseguir despertar todas las emociones posibles. Su páginas son dulzura, amor, nobleza, ira, venganza, odio, desengaño, celos, vida, muerte, miedo, esperanza, dolor, sacrificio, placer, alegría, honor, deseo. Habla de las relaciones humanas, de la política, de la guerra, del destino, de la religión o del espectáculo entre piruetas lingüísticas que  nos enredan hasta conquistarnos. Su teatro es sonoridad, música constante capaz de construir atmósferas completas al ser leído o recitado.

 

ROMEO Y JULIETA, de Franco Zeffirelli

 

Dicen de Shakespeare de a pesar de todo lo que ha ocurrido en nuestra Historia en estos últimos 450 años, sigue siendo actualmente el autor que más inspira  a los creadores contemporáneos. Y es realmente curioso, porque la mayor parte de las historias que contó en sus obras no salieron de su cabeza. Las tomó prestadas de la mitología, de la tradición oral, de leyendas o de episodios históricos. Sin embargo las elevó tanto que  “Ricardo III”, “Hamlet”, “Romeo y Julieta”, “Julio César” o “Enrique IV” han quedado empaquetados para siempre por la visión que de ellos dejó el genio inglés.

 

MACBETH, por Osrson Wells

 

El maestro de Stratford-Upon-Avon ha sido uno de los más estudiados de  toda la historia de la literatura. Constantemente vuelven a publicarse investigaciones sobre su obra y su vida. Una vida que continúa guardando muchos misterios. Ningún estudio ha sabido trazar con certeza todos los pasos vitales de Shakespeare. Ni siquiera el día de su nacimiento. Se sitúa el 23 de abril de 1564 pero no hay constancia de ello. El primer documento contrastado es de tres días después, el registro de su bautizo. A partir de ahí, una biografía trazada a pinceladas y con puñados de años oscuros de los que prácticamente no se ha llegado a conocer nada.

Tantos misterios han creado diversas y potentes teorías que intentan demostrar que Shakespeare ni siquiera es el autor de sus obras, que fueron escritas por otros y que incluso hay señales en ellas que apuntan a esos otros autores en la penumbra.  También se ha escrito mucho de su relación con las mujeres, de infidelidades y de una supuesta homosexualidad. Pero nada ha podido ser corroborado. Lo más certero que se sabe de William es que le gustaba la música y sufría de insomnio.

 

MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES, con Emma Thompson

 

En todo caso, quizá ese halo de misterio también ha ayudado a hacer crecer el mito. Una  leyenda que se ha ido forjando siglo tras siglo, tan solo fue menos valorado durante el neoclasicismo. Lo quieran o no, Shakespeare está filtrado en nuestra cultura para siempre.  Poco importa lo que hiciese durante su vida, donde pasara su juventud o con quien se metiera en la cama. Lo que le ha convertido en universal son los mundos que consiguió crear, los sueños que consiguió tejer. Hizo bailar como un pequeño dios a los personajes de sus obras. Como si fueran marionetas, imitando los avatares  del destino en la vida real y reflejando todas las emociones que salvan y condenan la condición humana.

Como él mismo dejó escrito “un hombre que no se alimenta de sus sueños, envejece pronto”. Yo soy de los que se alimentan con sus saltos mortales de palabras, con los tirabuzones de metáforas.  Acompañado por la cadencia rítmica de sus versos busco como “ser o no ser”, como ganar o dejarse vencer, como odiar  y como amar sin condiciones. Retando en duelo a la vida y al paso del tiempo.

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