Se aprende, pero no se puede enseñar

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No todo se puede enseñar,  hay cosas que cada persona tiene que aprender.  Es solo cuestión de tiempo y dedicación.  Cada vez que puedo hablar con tranquilidad con periodistas veteranos valoro más la experiencia en esta profesión. La experiencia es la respuesta a muchas de las dudas que se me plantean en el día a día. Y no porque los periodistas más jóvenes sean peores que los veteranos. Simplemente porque ya han pasado por esa situación en multitud de ocasiones y conocen las consecuencias de cada manera de actuar.

Cualquiera puede trabajar como periodista, solo hace falta cierta formación para dominar las técnicas básicas de la profesión. Pero no todos pueden hacer buen periodismo,  porque eso sí depende de la experiencia y de la actitud personal. El buen periodismo hace necesaria una forma compleja de analizar la realidad, de hacerse preguntas y de intentar encontrar las respuestas. Es un ejercicio constante de funambulismo entre la ilusión, la responsabilidad, la vocación, las distintas presiones, la independencia  y la ética. Uno debe descubrir hasta donde está dispuesto a luchar y a sacrificar. Dónde dibuja sus líneas rojas y cuánto ama el periodismo. Es muy difícil mantener el equilibrio sin estar enamorado de esta profesión.

Por eso, como en el amor, la veteranía es un grado a respetar y valorar. Sin embargo, en los últimos años las redacciones se han vacíado de veteranos ante la creencia de que el impulso y las ganas de la juventud (además de sus peores condiciones laborales más rentables para los intereses empresariales) pueden suplir la experiencia.  Se equivocan. Un periodista joven aprende mucho más de la profesión una tarde con un compañero curtido en mil batallas, que en varios años de formación teórica en las aulas. La esencia del periodismo está en quien lo ha paladeado durante décadas, en quien sabe cómo sortear los obstáculos y evitar algunos golpes.

Las mejores redacciones son las que se convierten en un perfecto engranaje entre juventud y experiencia, entre ímpetu y serenidad, entre las ganas de comerse el mundo y el escepticismo de quien está ya de vuelta.  Evitan errores que pueden dañar la credibilidad del medio de comunicación, y por extensión, de toda la profesión. Los jóvenes periodistas necesitan referencias para que algún día ellos puedan ser el referente.  Son imprescindibles para aprender lo que no se puede enseñar.  Ahora me doy cuenta de que sin conocerlos, en muchos momentos los he llegado a echar de menos.

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