trileroNo sabemos dónde está la pelotita, ni siquiera si existe una pelotita. Sin embargo, vemos como la clase política nos invita a presenciar un auténtico juego de trileros.  Mueven los cubos para hacernos pensar que se toman decisiones importantes, cuando lo único que hacen es esconder más la bola.

Ante los escándalos de irregularidades en la financiación de partidos políticos y de sobresueldos en dinero negro. responden publicando sus declaraciones de renta y de bienes. ¿No es un fuego de artificio para desviar la atención?   Ninguna declaración de la renta, ni listado de patrimonio recogerá pruebas de que existan o no estas conductas ilegales. Si es dinero negro, es porque no se declara, porque se oculta… luego no aparecerá registrado en ningún documento legal.

Dicen algunos expertos en comunicación política que cuando llega una crisis importante, hay que mover ficha. Siempre es mejor hacer algo que quedarse quieto recibiendo las bofetadas. Esa parece la respuesta adecuada a todo lo que está sucediendo. Buscan reaccionar ante los ataques, aunque sepan y sepamos todos que la reacción no sirve para esclarecer las acusaciones a las que se enfrentan.

Desde luego que las cuentas de los políticos deben ser completamente transparentes,  y más todavía, de los cargos públicos elegidos democráticamente por los ciudadanos. Es bueno y positivo que podamos conocer la evolución de la renta y de los bienes del presidente del Gobierno, de los ministros, de los presidentes de CC.AA., de alcaldes, de parlamentarios, etc. Sea bienvenida esta nueva apuesta por la transparencia, pero tiene poco que ver con la crisis política que afecta al Partido Popular por su presunta contabilidad B. No sirve para despejar ninguna de las dudas planteadas.

Para que los ciudadanos dejemos de percibir la estrategia de defensa del PP como un juego de trileros hay que ir más lejos. Hay que apostar por dejar nítidamente claro si lo que se denuncia fue cierto o no.  Hay que aportar documentos para alejar las sombras. Hay que dejarse preguntar por los periodistas (y no comparecer a través de una pantalla de televisión como hizo Rajoy) para poder responder sin tapujos. Si no hay nada que esconder, no tiene ningún sentido esconderse.

Y si no se puede aclarar lo suficiente… pues habrá que dimitir. A los líderes de nuestra sociedad no solo hay que pedirles que sean honestos  y responsables, también deben parecerlo. Las dudas, vengan de acusaciones fundadas o no, si no se pueden despejar con claridad meridiana deberían ser suficientes para dejar la primera línea.  Ahora que tanto nos gusta tomar como ejemplo a Alemania, allí dos ministros han caído por haber plagiado una pequeña parte de su tesis doctoral. Una conducta reprochable, pero desde luego, a años luz de la relevancia de haber recibido presuntamente sobres con dinero ilegal.

Si de verdad “todo es falso” desmonten cuanto antes el complot. Y si algo de todo aquello ocurrió dimitan. No creo que haya paleta de grises para acusaciones tan graves. No vale mover la bola entre los vasos opacos esperando que la gente se canse de buscar y de apostar. La credibilidad de nuestro gobierno, y por extensión, de nuestro país y  nuestra democracia, está en juego.

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