¿Tendremos alguna vez un Gobierno que no mienta?

“Nos merecemos un Gobierno que no nos mienta”. Fue una de las frases que propició el inesperado vuelco electoral de 2004, tras la masacre del 11 de marzo.  Lo dijo Alfredo Pérez Rubalcaba y criticaba la forma de actuar del Gobierno del PP ante los atentados de Madrid.  Un día después… el PSOE ganaba las elecciones generales y comenzaba la era Zapatero.  A mí me gustaría conservar la frase, pero sacarla completamente de ese contexto.  Nos merecemos un Gobierno que no mienta, pero parece que eso no va a suceder nunca.

 

En política hay que hablar mucho, y son muchos los que hablan. Por eso,  la verborrea  de todos va pasando y parece que las palabras solo son instrumentos de uso puntual para conseguir el objetivo deseado en el momento preciso, nada más. Vivimos en una sociedad en la que las palabras ya no comprometen. Ya no son promesas, ya no son una garantía.  “Estos son mis principios.  Si no le gustan tengo otros”, digo Groucho Marx. Pues así es la palabra de los políticos que nos Gobiernan. Las promesas y los principios dependen exclusivamente de las circunstancias.  Y aquí no hay distinción entre partidos políticos, aquí no hay colores. Todos hablan y se comprometen para superar un mal momento de imagen, para impulsar sus candidaturas, para ganar unas elecciones, para conquistar el poder… y después… Después si hay que cambiar se cambia sin ningún problema y sin ningún pudor.

 

Quizá el Gobierno que ha conseguido un récord a la hora de mentir esta siendo el de Mariano Rajoy. En una semana borró por completo uno de los compromisos de su programa electoral. Rajoy y todos sus hombres fuertes repitieron hasta la saciedad durante la campaña electoral que no subirían los impuestos. Incluso dijeron que subirlos sería sinónimo de más paro y de más crisis. Su primera decisión ha sido subir los impuestos. Dice el PP que el motivo es el desfase en el agujero del déficit que se han encontrado. Pero… ¿de verdad no había otra solución que traicionar todo lo dicho hasta un mes antes?  Yo no me lo creo. Sobre todo porque se barajaban muchas opciones de a cuánto ascendería el déficit. Ya se sabía se sería mayor de lo que se pensaba, por lo que Rajoy seguro que ya tenía pensado cómo afrontarlo si llegaba el caso. Y su respuesta es la que es: subir los impuestos. Sin embargo no lo dijo. Prometió y prometió que no los subiría porque sabía que así ganaba más votos. Porque el candidato socialista sí avanzaba una subida de ciertos impuestos por lo que el mensaje de que el PP no los tocaría… incluso los bajaría… calaría  todavía más hondo en los ciudadanos.  Poco importa los que ahora se sientan engañados y decepcionados.  Poco importa si alguien decidió su voto  pensando en esta promesa electoral. Ya se ha esfumado… ya están en La Moncloa.

 

Pero no quiero centrar las mentiras en el actual Gobierno del PP porque la desazón mayor es comprobar que es una práctica habitual de quien consigue gobernar. Zapatero también nos mintió. Zapatero negó la crisis, dijo que no superaríamos los 4 millones de parados, dijo que nunca tocaría las políticas sociales… y también traicionó todas sus promesas. Y quizá también se vio obligado a hacerlo… pero la hemeroteca es cruel, y seguro que no de un día para otro. Los políticos sostienen las mentiras hasta que se consigue el objetivo deseado. Y como en un giro teatral, de repente cambian de máscara.

 

Más atrás en el tiempo, los gobiernos de José María Aznar. También nos engañaron. Nos vendieron una guerra de Irak que no existía. Nos intentaron hacer creer que los atentados de Madrid del 11 de marzo eran responsabilidad de ETA para intentar no perder las elecciones. Nos ocultaron muchas cosas por su interés electoral. Nos mintieron.  Y qué decir del tiempo de Felipe González, con sus extensas redes de corrupción y de lucha ilegal contra el terrorismo.

 

La mentira de los gobernante se ha instalado como parte de nuestra normalidad democrática. Y eso es una lacra muy grave, que no deberíamos tolerar los ciudadanos. Pero mientras ellos lanzan sus consignas y las cambian al día siguiente si es necesario… los ciudadanos no reaccionan. Lo permiten como si tuvieran la memoria de un pez, como si quien gana unas elecciones tuviera una carta blanca. No es así. La victoria electoral es un contrato con los ciudadanos. Y no es justo ni tolerable que después de firmarlo, se puedan cambiar las cláusulas a su antojo.  Ojalá algún día tengamos un Gobierno que no nos mienta. Que cumpla lo que se dice en campaña, lo que se promete en los Discursos de Investidura, lo que se plantea en los principios políticos de cada partido.  Que términos como la transparencia no se queden guardados en el cajón 4 años.

 

Que no nos mientan más por favor. Que nos digan lo que van hacer y lo que es necesario hacer en cada momento. Que sean valientes de contarnos lo que realmente piensan y se ganen así los votos, los aplausos o las críticas. Que no mientan más, y si lo hacen… que no siga sin pasar absolutamente nada.

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