Una sencilla fórmula para un sistema electoral más justo en España

Es una reivindicación de los partidos pequeños. Aunque quizá esta vez son menos pequeños. Las últimas elecciones generales del 20N han puesto de manifiesto las carencias del sistema electoral español. Un sistema proporcional corregido que se creó para garantizar gobiernos de mayorías en una etapa en la que lo importante era consolidar la democracia y, por tanto, asegurar un ejecutivo con la mayor estabilidad posible. España ha cambiado mucho en los últimos 30 años. Ahora, somos una democracia moderna asentada y estable. Es el momento de retocar nuestra Ley Electoral para garantizar que la voluntad de los ciudadanos se traslade al Congreso de los Diputados.

Porque un sistema electoral debe ser simplemente una fórmula para transformar los votos de los ciudadanos en escaños en el Congreso de los Diputados. Es decir, una herramienta para que el mapa político que se decide en las urnas sea el que se dibuje en el parlamento nacional. La traducción exacta parece muy complicada, pero por lo menos habría que intentar que fuese lo más fiel posible a la voluntad democrática de los votantes. En la actualidad no lo es. La Ley Electoral favorece a las mayorías y garantiza una representatividad por territorios que distorsiona el resultado real de las elecciones. En la cita del 20N cientos de miles de votos no se han transformado en escaños; el voto de cientos de miles de ciudadanos no se ha representado en la composición del Congreso.

En el mundo existen muchos sistemas electorales. Y el nuestro no es de los peores, esa es la realidad. Hay algunos mucho más injustos que el nuestro para los partidos pequeños, como por ejemplo, el británico. Sin embargo, esto no puede ser consuelo para mejorar nuestra democracia. Hay fórmulas sencillas para corregir las desviaciones que provoca nuestra Ley Electoral. Las están poniendo sobre la mesa los partidos más afectados: IU, UPyD y Equo. Nuestro actual sistema se basa en que al transformar los votos en escaños se garanticen las mayorías, se tenga en cuenta la población de cada territorio y haya una representación mínima de cada circunscripción. Casi todo se puede mantener, pero con un reparto más justo y fiel a lo que los ciudadanos han votado. No apostaría por la circunscripción única, porque esa sí que eliminaría por completo la garantía de representación de todos los territorios. Esta es la propuesta:

1-Representación mínima por circunscripción. En el sistema actual cada circunscripción tiene una representación mínima de 2 diputados. Se creó así para que exista un equilibrio territorial en el parlamento y todas las provincias tengan representantes en las cortes generales que puedan trabajar y velar por los intereses de cada territorio. Esa representación mínima es necesaria, pero se puede reducir. Bajando de 2 a 1 el número mínimo de escaños por territorio se liberan 50 escaños. Medio centenar de diputados que ya no se ven afectados tan directamente por la desviación hacia la mayoría, y que pueden dar cabida a otras formaciones políticas.

2-Bolsa de restos. Ya existe en otros países. Se trata de utilizar estos 50 escaños que hemos liberado bajando la representatividad mínima de cada circunscripción para corregir la desviación de la asignación de diputados por proporcionalidad. Una vez repartidos los escaños de cada circunscripción por las reglas actuales, tendríamos una bolsa de 50 sin repartir que se distribuirían teniendo en cuenta los cientos de miles de votos que el sistema desecha en ese primer reparto proporcional. Esos votos que han provocado tras el 20N que partidos con más votos como IU o UPyD, tengan igual o menos escaños que partidos nacionalistas con cientos de miles de votos menos.

3-Aumento del número de escaños en el Congreso de los Diputados. En tiempos de crisis, a primera vista, esta medida puede sonar a nuevo despilfarro. Pero no tiene por qué ser así, me explico. La Constitución permite ampliar a 400 el número de escaños del Congreso, que actualmente está en 350. Si elevamos el número de diputados 400 lograremos que los partidos pequeños tengan más posibilidades de alcanzar escaños con menos votos. Como contrapartida, propongo la eliminación del Senado (hay 208 senadores y toda su infraestructura). Al final, sería un ahorro y la representación territorial ya está garantizada en el reparto de escaños del Congreso.

Es mi propuesta y la que suscriben los partidos pequeños que se han visto afectados una vez más por un sistema electoral injusto. Es cierto que todas estas reformas perjudicarían a PP y PSOE. Sería mucho más difícil conseguir una mayoría absoluta y siempre habría más partidos políticos con representación parlamentaria. Pero quizá incluso eso sea bueno. Tendrían que darse en España gobiernos con más cintura política, más acostumbrados a la negociación y al pacto que al rodillo de las mayorías. Aumentaría la calidad de nuestra democracia. Por dos razones: porque para tomar decisiones habría que sumar más sensibilidades y porque lo que votan los ciudadanos estaría más fielmente reflejado en nuestro parlamento.

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