El movimiento 15M, la fuerza de la indignación

La sociedad les llama la ‘generación perdida’, la juventud española más preparada y formada de la historia de nuestro país pero que se ha visto obligada al paro, los contratos precarios y la inseguridad laboral y el recorte de prestaciones sociales. Ahora, todos esos jóvenes ‘perdidos’ han decidido encontrarse para defender y conquistar su futuro. No somos responsables de la crisis, pero la estamos sufriendo. Y han decidido unir su voz en plazas de todo el país, en consignas contra la clase política y los poderes financieros.  Contra un modelo de sociedad que les está dejando a un lado, que no les permite construir un proyecto vital estable.

Les une, nos une, la fuerza de la indignación. Un ‘virus’ que ha estallado en la juventud española para salvar y ‘encontrar’ a la generación perdida. Como fórmula para luchar contra la impotencia que genera ver como el modelo actual es incapaz de dar soluciones y como el sistema electoral tampoco permite crecer y tener una representación importante a nuevas opciones políticas.  Sienten que su voto no sirve para cambiar nada y que la democracia debe replantearse.
Ya era hora de dar una respuesta. De que la indignación de la juventud se convirtiera en rebelión pacífica. Según una encuesta de urgencia realizada por un importante medio de comunicación nacional, el 87% de los españoles comparte las reivindicaciones del movimiento Democracia Real Ya.  Hay que aprovechar esta semilla para regar y producir realmente un cambio social. Porque es necesario, es imprescindible para conquistar el futuro.
Ya era hora de salir a calle. Y, por fin, de levantar la voz sin siglas ni banderas. Porque en el Movimiento 15M no hay símbolos de ideologías políticas. A él pertenecen gentes muy heterogéneas, y no sólo jóvenes. También parados de larga duración, pre jubilados y jubilados, inmigrantes, amas de casa, matrimonios, familias con hijos… un fenómeno mayoritariamente de personas de izquierdas pero que acoge a todos los desencantados con el sistema.
Es el momento de aprovechar lo que se está creando, pero con todas las precauciones. Van a intentar instrumentalizarlos, van a intentar adueñarse de sus propuestas, van a intentar que todo se quede en un fenómeno puntual que ocurrió en una campaña electoral. Hay que conseguir evitar y aislar cualquier conato de violencia y extremismo, para dejar bien claro que este es un fenómeno importante y no residual. Es el momento de organizarse para dar una trascendencia al movimiento. Porque a todos nos asaltan muchas dudas: ¿hasta dónde puede llegar el 15M? ¿cómo se puede canalizar el descontento de cara al futuro? ¿de qué sirven las acampadas en plazas más allá de la demostración de fuerza del primer momento? ¿cómo puede integrarse esta opción en el sistema, para que realmente sea una opción útil y no una mera pataleta?
Ya era hora de encontrase… de encontrarse en las plazas, en las calles. De levantar la voz. De trasformar la desesperanza en esperanza. Ahora hay que plasmarlo en un proyecto al que se pueda sumar toda la fuerza de la indignación.
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