Las redes sociales están cambiando el periodismo. Y entre todas ellas, cada vez adquiere más importancia el twitter. Una herramienta que los entendidos en Internet llaman microblogging, es decir, una especie de blog en pequeño que permite al usuario realizar comentarios y publicaciones que no superen los 140 caracteres. Una forma de comunicar en tiempo real que ya se puede realizar desde un ordenador o cualquier dispositivo móvil, lo que ha revolucionado la manera de obtener información inmediata de cualquier parte de mundo y testar las líneas de opinión que surgen sobre ciertos temas o eventos.

En el mundo se generan al día unos 90 millones de tweets. En España ya superamos la cifra de 800.000 usuarios, el 9 por ciento de los internautas de nuestro país. Una herramienta de una gran potencia y que puede convertirse en el perfecto aliado del periodista. De hecho, son numerosos los medios de comunicación que ya lo utilizan para que sus corresponsales puedan contar en tiempo real lo que sucede en zonas de conflicto o en eventos que se están produciendo en ese momento. Merece la pena destacar la importancia que ha tomado twitter en la ola de revueltas en países árabes que vivimos estos días. Ante el control férreo de la información  y la imposibilidad de entrada de periodistas en países como Egipto o Libia, una parte esencial de la información que ha salido del país para saber qué estaba sucediendo se ha transmitido a través de tweets.
Sin embargo, como toda herramienta tecnológica, si se quiere usar para un trabajo profesional hay que valorar sus bondades, pero también tener muy en cuenta sus peligros. Y twitter tiene un buen número de ambas.
Como ya he mencionado su principal virtud es la inmediatez y la sencillez de uso. Como tan solo es necesario escribir un máximo de 140 caracteres y como mucho añadirle una imagen, los tweets se generan en tiempo real. Es decir, nos cuentan lo que le sucede o vive ahora la persona que lo envía. Una vía de transmisión de información barata  y directa, complicada de obstaculizar y que nos puede permitir estar en contacto con lo que sucede de forma inmediata.
Otra de sus ventajas radica en la calidad de esa información. Tras cada cuenta de twitter está una persona o una institución. Si sabemos elegir las personas e instituciones adecuadas a quien seguir, podremos tener acceso a información muy rápidamente, y quizá, antes que otros profesionales del periodismo. Personajes públicos como famosos, políticos, deportistas, escritores, corresponsales… utilizan el twitter para contar al minuto lo que viven. También han creado cuentas instituciones, organismos públicos y medios de comunicación, que lanzan sus informaciones y convocatorias en tiempo real a través de esta herramienta.
En mi opinión, la otra gran virtud (que es además un arma de doble filo) es la posibilidad que da twitter de conocer opiniones y corrientes de opinión. Conocemos, también en tiempo real, las impresiones y argumentos de todos esos personajes, expertos e instituciones a los que seguimos sobre temas de actualidad. Cada día, se generan temas polémicos que son los más comentados y twitteados por miles de personas. Esto nos permite saber, por  ejemplo, cómo está calando una medida concreta de un gobierno o si las declaraciones de un personaje despiertan más o menos simpatía en la sociedad.
Aún así, twitter no es en absoluto la herramienta perfecta ni debe basar a partir de ahora nuestro trabajo periodístico. Nos conecta al mundo, pero como profesionales de la información, debemos seleccionar y ubicar toda la información que nos llega. Porque lo peor de twitter surge si no se sabe tamizar esa gran cantidad ingente de mensajes que se publican cada minuto. No pocas veces, los usuarios lanzan rumores, versiones de terceros, datos no contrastados o informaciones falsas de forma intencionada. Y en no pocas veces, muchos medios de comunicación las reproducen inmediatamente en sus ediciones digitales dándoles un valor que quizá no tienen.
Esta es la alarma que debería saltar, y de la que ya deberíamos estar escarmentados con todo lo vivido desde la llegada de Internet a la profesión. La lucha por la inmediatez lleva a muchos periodistas a publicar informaciones sin contrastar, sin asegurarse de que la fuente es fiable o que la información es cierta. La locura por ser el primero en darlo a conocer nos hace descuidar una de las partes más importantes de nuestro trabajo: la credibilidad. Porque si publicamos y damos por cierto todo lo que llega a nosotros sin contrastarlo caeremos en grandes errores y nuestra información perderá calidad. En no mucho tiempo dejaremos de ser creíbles, porque lo que decimos puede ser cierto… o no. Puede ser información o un bulo lanzado por un internauta aburrido del que nos hemos hecho eco sin el menor pudor.
Twitter ha cambiado el periodismo y hay que saber aprovecharlo. Puede ser un cable que nos conecte de manera inmediata al mundo y a personajes a los que de otra forma no es tan fácil ni tan rápido acceder; pero ojo, porque si no sabemos usarlo puede convertirnos en meros voceros de un gigante patio de vecinos.
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