Entre los periodistas hay dos grandes tentaciones de las que cada vez es más difícil escapar: 1) “Exajear” las noticias para que parezcan más importantes y más relevantes. 2) Ir agrandando las relaciones de las noticias para mantenerlas lo máximo posible en las portadas de periódicos e informativos.

Creo que un ejemplo de cómo caer en estas dos tentaciones lo estamos viviendo en los últimos meses, incluso en los últimos días.  Empenzando por el cierre patronal de los transportistas. Se habló tanto del posible desabastecimiento de los mercados, de la falta de gasolina y de lo grave que podía convertirse la situación, … que la propia alarma social fue la que provocó el desabastecimiento. No fue la huelga, ni siquiera había comenzado y los ciudadanos se echaron a los supermercados y a las gasolineras para llenar depósitos y despensas. De hecho, una vez comenzada la huelga, las tiendas y gasolineras han tenido en sus estanterías siempre más productos que en las primeras horas en las que se desató la alarma. ¿Quién desató esa alarma? ¿la demasiada información, análisis y creación de escenarios de crisis alentada por los medios de comunicación? Ahí dejo el debate.

Otro ejemplo similar lo hemos vivido con la tan analizada crisis económica. Son bastantes los expertos que aseguran que una parte no desdeñable del frenazo del consumo en muchos hogares ha estado provocada por la sensación de incertidumbre alentada desde algunas tribunas y medios de comunicación. Las familias se han tirado a recortar gastos ante la llamada a la crisis más grave de los últimos años. ¿ Y quién no? ¿Quién va a aventurarse a gastar o a invertir si cada día aparecen nuevos expertos y contertulios asegurando que el tunel es negro y muy muy largo?

Yo haría una llamada a la responsabilidad de los periodistas. Informar demasiado puede ser un peligro, sobre todo si cae en esas dos tentaciones que comentaba al principio. Si una noticia de páginas interiores se puede convertir en portada anunciando una posible catástrofe o un reportaje de relleno puede abrir un informativo llamando al caos próximo; ya sea por falta de más noticias impactantes o por intereses políticos o económicos, caso en el cual es todavía mucho más grave.

El problema está en que hay mucha gente que no tiene y no debe por qué saber cuando se exagera.  Y el poder de la prensa es demasiado grande para jugar con él sin medir bien lo que podemos provocar con nuestras palabras. Porque, a veces, hay consecuencias que no las crea la propia realidad, sino las noticias que se publican de ella.

Anuncios